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Recolectando Información
Daniel Rattay,
Consultor en Agricultura de Precisión


     Cuando recordamos que la variabilidad que existe en un lote tiene diversos orígenes, algunos naturales ya sea por la composición de los suelos o el estado de los mismos y otros inducidos por los propios manejos que realizamos sobre los mismos. A la hora de realizar el análisis de efectos, el tener a la mano todas las posibles causales y sobre todo poder cuantificarlas resulta de vital importancia.

Uno de los orígenes de las variabilidades inducidas, está dada por la calidad de las labores y su distribución en el tiempo, particularmente cuando varían las condiciones de trabajo entre un momento y otro. Además si realizamos aplicación variable de insumos esto se torna más crítico aún, ya que las variaciones en las dosis no siempre se logran con la exactitud y respuesta que esperábamos o que prescribimos.

 
En general damos por sentado que cuando se termina un trabajo que hemos encargado, el mismo está hecho de acuerdo a las especificaciones que solicitamos, y no siempre estamos junto a la máquina para controlar, por ejemplo, si la velocidad de trabajo fue la correcta o si el PH del agua utilizada estaba en su nivel óptimo, o si se estuvo trabajando en las horas y condiciones más adecuadas o cualquiera de las múltiples variables, que hacen la diferencia entre un buen trabajo de uno regular.

Ya sea por descuido, falta de voluntad o porque en la mayoría de los casos asegurar todos los parámetros resulta impráctico, apremiados por la necesidad de terminar la labor o por la disponibilidad de equipos o recursos, siempre se irán produciendo desvíos entre lo pedido y lo realizado.

Todo esto genera variabilidad inducida, más allá del propio manejo y que debe ser conocida y cuantificada. No podemos conformarnos con “suponer” cómo se trabajó en un lote sino que tenemos que tener la información real de lo que ocurrió.

Al medir, no solo los mapas de rendimiento o las fotos satelitales o aéreas son ya fuente de información de lo que está pasando o pasó con nuestros cultivos, sino que para entender y poder interpretar adecuadamente lo que está ocurriendo o ya ha ocurrido, debemos apelar a otras fuente de datos que se complementan con los mencionadas.

 

Aquí es donde los equipos modernos vienen en nuestro auxilio, ya que la mayoría incluye la posibilidad de grabar datos de trabajo georreferenciados, de manera de poder realizar un mapa de labores. Los más sofisticados incluyen obviamente el mapeo on line, lo que le da al operador la alternativa de ver en pantalla cómo está resultando su trabajo, sin mencionar los equipos con conexión remota, que permiten hacer un control a distancia en tiempo real de las labores.

Sin perjuicio de si el mapeo es en tiempo real o no, queda claro que la diferencia de precio entre un equipo con capacidad de almacenar datos georreferenciados de labor, es cada vez más despreciable frente a uno que no tiene esta opción, por lo que resulta recomendable que siempre contemplemos esta posibilidad cuando hagamos una inversión en nuevos equipos.

Por qué tantos mapas?

En todas las actividades se implementan esquemas de medición de resultados con el objeto de ser más eficientes en los recursos aplicados y más inteligentes en la estrategia de su utilización. Esto nos lleva a ser cada vez más competitivos, produciendo más con menos.

Las actividades agropecuarias no escapan a estas presiones de la competitividad humana global. Los mayores costos de la tierra, las presiones sobre los valores de los insumos y los precios de los granos no siempre adecuados, nos obligan a buscar permanentemente formas de lograr ser más competitivos.

La aplicación de las técnicas de agricultura de precisión son una gran herramienta para este fin, posibilitándonos medir con mayor detalle y trabajar con más precisión. Y esto no solo aplica a los rendimientos sino, como dijimos, a las propias labores que afectan nuestros costos y nuestros resultados. Y por ser actividades que están vinculadas a un espacio geográfico, naturalmente debemos georreferenciarlas. O sea, generar mapas sobre los que midamos dichos resultados.

 

Pero además un único mapa, no explica todo. Aquí es donde la constancia y la adopción de estas técnicas como filosofía de control y registro, nos permitirán ir generando sucesivas capas de información sobre la que podremos ir comparando resultados y sacando conclusiones más consistentes.

Por ejemplo, si queremos definir ambientes de manejo, se requieren diferentes fuentes de información a lo largo de varias campañas, que permitan ir identificando con cierta precisión cuáles zonas de un lote entran consistentemente dentro de una determinada categoría y cuáles no, de manera que cuando realice prescripciones

tengamos mayor certeza de la respuesta que tendremos a las mismas en cada zona.

Igualmente ocurre con las labores. Descubrir errores distribuidos en forma aleatoria a lo largo de distintas aplicaciones, nos da una medida de la calidad de trabajo sobre la que deberemos poner nuestra atención. Pero además si esos errores ocurren en zonas particulares nos pueden dar una pista de problemas sistemáticos que serán más fáciles de abordar. Problemas en las cabeceras o para embocar las pasadas, problemas para seguir tramos rectos, problemas en zonas con pendiente o con suelos particulares son ejemplos de esto último.

Conclusión

Nuestro mundo se globaliza cada día más y nos obliga a ser cada vez más competitivos y, si bien existen numerosas tecnologías tanto biológicas, mecánicas o electrónicas disponibles, la diferencia la dará quien mejor las use. La agricultura de precisión es una de estas herramientas de competitividad y la información que nos provee nos da la inteligencia para lograrlo. No dejemos de medir ni de hacer mapas. El costo de tener equipos para hacerlos es despreciable frente a los costos de no tener la información. El camino de nutrirse de información requiere empezar cuanto antes.

 

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